3 - Tocando el cielo
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3 - Tocando el cielo

Tocando el cielo

 

Este invierno pasado, tuve la suerte de poder vivir 3 meses en los Alpes. Concretamente en la parte francesa, junto a Annecy.

Un escenario sin igual, donde se mezclan lagos, bosques y montañas, para crear unos valles de excepcional belleza.

Naturaleza pura, ¡Qué más podía pedir!

Investigando la zona en mapas topográficos y fotografías de excursionistas, descubrí una cima que desde un punto de vista poseía un gran atractivo visual, se llamaba Arcalod.

Con sus humildes 2217 metros, era una espectacular arista de roca que culminaba en una cima piramidal.  

Un espléndido día de invierno de los que el sol abrasa, me acerqué por la parte norte para ver la zona, y descubrí que la parte estética de esta montaña era la opuesta.

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Mi objetivo era entonces la cara sur, así que organicé una salida de madrugada para llegar hasta el punto de vista que buscaba con las primeras luces. Una arista a 2000 metros desde la que el Arcalod mostraba toda su belleza.

La ascensión se me hizo dura por la cantidad de nieve acumulada (hay que ver como nieva en los Alpes), y la nubosidad lo cubrió todo, dejando un día invernal frío y gris.

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 Vi frustrado mi primer intento de una ascensión rápida y me vi obligado a modificar el plan. Si quería llegar a buena hora arriba, debía dormir en la zona y terminar la ascensión de madrugada.

 

Para el segundo intento me cargué de toda la artillería. Tienda de campaña, saco, esterilla, ropa, comida, crampones, piolet, mierdas varias… ah y el equipo fotográfico completo claro. Unos 25 kilos a la chepa que cansan lo suyo, pero ante una buena motivación… ¡no hay nada que se resista!

Con una previsión de nubosidad en cotas bajas, subí tranquilamente una tarde, allané una zona con las raquetas y  planté la tienda antes de las rampas finales que conducían a la arista.

Pasé una noche un tanto fría, pero tranquila. Me levanté a las 5.30 y tras un café helado con galletas, abrí la tienda de campaña y… ¡sorpresa! Para mi desesperación todo estaba cubierto por una densa niebla.

 Después de jurar en 17 idiomas, me preparé y salí a ver que veía. ¡Pues nada! Con una niebla totalmente cerrada no había nada de visibilidad, solo el track del gps guiaba mis pasos.

Fui ascendiendo, y algún claro entre la nubosidad alimentaba mi esperanza, así que tocaba subir hasta arriba para ver que ocurría.

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Cuando subía los últimos metros  a 4 patas afianzando la progresión con el piolet por una ladera muy empinada, comenzó la magia. Me sacudí todos los miedos de golpe al aparecer esa atmósfera única. Esa que se crea cuando se abren claros y la niebla va cogiendo un tono cálido de la luz, que en contraste con la nieve fría es maravilloso.


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Alcanzado el punto de vista que buscaba, empezó un baile de nubosidad, de claros y cubiertos, y poco a poco me iban mostrando la belleza de aquella montaña…

 

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Al final se fueron abriendo claros entre las nubosidad y allí estaba, mi imagen soñada. ¡Todo el esfuerzo había merecido la pena!  Estos son los momentos que le dan sentido a todo.

Con los ojos vidriosos y tras unos gritos de euforia, traté de capturar con mi cámara aquel espectáculo natural como mejor supe.

 

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¡Hasta la naturaleza me retrató a mi en estos mágicos momentos!

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Bajar de allí fue otra aventura, pero con la grata sensación de haber vivido uno de los momentos más intensos de toda mi vida, todo se hace más llevadero...

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Ya en la tienda tocaba recoger todo...

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Y por último, un detalle del camino hasta el punto de vista.

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